Resaca de sexo y alcohol

Sábado, 19 horas y ningún plan a la vista. Bueno, no se está mal en casa. Tengo un montón de capítulos atrasados de Mujeres desesperadas. Me dispongo, coca cola y patatas fritas en mano, a dar al play de DVD cuando me llama Lola, mi compañera inseparable de las locas noches madrileñas. ¿Salimos?… tres segundos después respondo: “A las 10 te paso a buscar”.
Cena, vino, agradable conversación, la noche se presentaba de lo más tranquila. Decidimos ir a uno de nuestros bares de copas favoritos, ese donde siempre triunfamos.
Una copa, baile, otra copa…..Dios!!! acabo de ver al hombre más guapo de mundo (será el ron)…. Sigo bailando y de repente un escalofrío recorre mi cuerpo, me giro y ahí está “EL”…. Realmente impresionante, un dios, un ángel, un demonio. ¿Sabes esa sensación, ese feeling que surge como un milagro…? Notaba como la sangre circulaba acelerada por mi cuerpo, mi corazón se desbocaba y todo se paralizaba centrando mis sentidos en “EL”. Sin saber muy bien ni cómo ni por qué sus labios sellaron los míos y sus manos recorrían suavemente mi espalda… el mundo se paró y sólo existíamos nosotros. No recuerdo muy bien qué pasó con Lola, sólo recuerdo la sensación de volar hasta su cama y entregarme sin resistencia ni remordimientos al profundo ardor de nuestros cuerpos. Besos, caricias, más besos, sudor, gemidos, palabras susurradas, miradas lascivas…. Una copa más, un cigarrillo a medias, algo de conversación y más besos, sudor y placer mientras el nuevo día empieza a mostrar su luz…
¿Que cómo se llamaba?… da igual. “EL” es su nombre…

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